jueves, 10 de diciembre de 2009

La kre(A)ción de Duendería

Isthorya
“Voy por la ciudad; en medio de dos audífonos pienso en el amor y la utopía… me percibe el atardecer, la llovizna y el tiempo”


Después de repetirse así mismo la necesidad de sueño, de por lo menos alguna pesadilla del mundo y su realidad, “el insomne” logra dormir …hoy robó un gran misterio, gran día.
En un jardín de destinos, entre enredaderas y purpúreos setos, nacen flores de acero , llueve sin gravedad, quizá el tiempo sea en este lugar, tan solo incapaz, limitado tan solo a perseguir de a un elemento, no a todos. La lluvia, está suspendida, el fuego a un no destruye, y el suelo desvanece… el tiempo ha capturado en su jaula de movimiento el respirar de un niño, que lejos de la vidente narración, asemeja una sombra duendil sentada, en una roca. Un risco que nace de las viejas y húmedas raíces de un roble…
El niño, como si fuesen cuarzos de obelisco, con las gotas de lluvia que lo rodean, intenta en conjuro símbolos en el aire, a lo lejos se da cuenta de que aquel jardín es tan solo un claro de bosque, pues al girar su cabeza y mientras más atención le presta a su realidad exterior, se dibujan con tinta de madera, grandes árboles en invierno, como un bosque inocente y psicópata…
Las figuraciones de lluvia, ahora lo circundan, el horizonte está construido…
Ahora se dirige al cielo en búsqueda de nuevos acertijos por dominar y pronto resplandecen sobre sus oscuros ojos; cuatro aterradas lunas, fuerza de todas las musas esencias…
Las estrellas, como sirios en el cielo, lo confunden, no ya su grandeza y humildad, mejor la inquietud de sus respuestas a su razón de ser… en ese momento siente un pequeño golpe en el pecho, otro… y otro, comprende que ya no solo puede denominar, también con las preguntas que quedan sin nombrar, también sin resolver; se puede conocer el mundo. Es algo enigmático, pues el método deberá ser la experiencia…
El fuego se despoja de la eterna no existencia, para ser, danzar y morir… el tiempo lo ha hecho realizarse, sin embargo el niño sigue respirando, piensa y también está presintiendo… cada vez más, se entrega al éxtasis de ser mientras una complejidad de movimientos lo condena a buscar equilibrio, vida y motivos para no morir banalmente….
De pronto, se acerca una libre llama, el la posee en su manos, e intenta jugar con ella… hasta que al fin se escapa hacia el bosque, viajando en un elemento invocado por consecuencia del evanescente y revelador modo de conquistar la dialéctica…
Con la huida profunda y quizá perfecta del fuego…. Ha nacido el viento…Y la lluvia comienza a ser seducida por la tierra, poco a poco, gota tras gota es cautivada por la gravedad… hasta que sobreviene tormenta..
El niño comienza a enredarse entre truenos y bruma, la quietud que respiraba terminó… comienza a correr, es feliz, las flores engendran perfume y arcoíris, los árboles del bosque respiran y en su ramas se hechizan las hojas la savia y los frutos… el niño y el mundo en el tiempo ahora son uno solo.
- Pero habrán consecuencias…
…Después de unos minutos, han transcurrido años…
El recuerdo del fuego trasgrede la tranquilidad, irrumpe en la plenitud… el cabello del niño ha crecido, entre descuidados enredijos se han incrustado pequeñas ramas. Algunas por la lluvia y su vital energía, han florecido. Se pregunta, procura y problematiza en pensamiento, muy rápido se siente ausente, triste y furioso… comienza a desear aquel instante, cuando después de descubrir la vida, fue consciente del tiempo, comienza a desear el antiguo juego con el que nada importa y con el que todo se podría no realizar…
El guerrero se abandona en fuerzas que lo engrandecen con libertad; el ser y el amor…
- Después del aprendizaje metafórico,
decide convertirse en viajero, y como el fuego lo hizo hace ya mucho tiempo…
perseguir el utópico sentido del bosque…

¿es que está invertido este mundo?
– bajo una idea originaria, está surrealizado…


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